Con el alma un poco rota, y la sonrisa eterna dibujada en mi rostro. Empezando mi día con grandes expectativas y terminarlo enjuagando mis ojos. Como una persona rota que pone su alma al azar. Sirviendome un poco de café y dejando caer lágrimas por mis mejillas. Con ganas de que alguien llegáse a darle color a la tempestad y sabiendo también que lo odiaría.
Porque creo que el amor es más de lo que somos y yo no creo llegar a ser. Porque me obstina pensar en pareja, porque me lleno de dudas y la incertidumbre me llena poco a poco. Y a veces pienso que no soy tan rara, o que quizá mi mundo esté completamente al revéz, que mi sentido esté dirigido hacia otro lado y por eso me decepciono tanto. Que tal vez mi mente perfeccionista pone las expectativas tan altas que nunca aprendo a aceptar a la verdadera felicidad, o que quizá yo no entré en esa lista.
Vivo con aires de pensativa y vagabunda, imaginandome acurrucada en los brazos de alguien. Alguien a quién no le doy rostro solo sé que me hace sentir bien, quizá el abuelo o mi amor de la infancia, o tal vez solo esa persona desconocida e imaginaria que intento perfeccionar para sentirme bien. También me imagino corriendo, corro tan fuerte que el viento hace nudos en mi cabello, que la brisa no le da oportunidad a mis lágrimas de brotar, corro tan fuerte que siento que empiezo a volar y soy libre, libre.
De tanto imaginar también he llegado a sentir mal, y a veces siento que soy uno de esos cubos de rubik, de esos que no todos entienden y pocos logran entenderlo y acomodarlo. De tanto imaginar se me han secado las lágrimas.
He leído tanto que he encontrado paz, has notado eso cuando lées? Surmegida en la literatura con una taza de café en la mano. No he podido superar la manía de dibujar a cada momento, de cantar aunque esté triste, y de sentir cada nota al escucharlas. Y si hay algo que me abraza cada vez que estoy bien o mal esas son mis venas domadas por el arte, de esas que no renunciaré, aunque esté sumisa en tristeza, incluso allí vivirá mi arte.