Un poco frágil y nauseabundo
olvidado y un poco mudo
Llevas tus sueños manchados
Oh cariño, yo os tomo prestados
Has sonreído esta noche
Tu sonrisa se abre con derroche
Pudiese yo tomar un beso tuyo
Dime ahora, sé valiente y no un capuyo.
«Si me preguntan qué es mi poesía debo decirles no sé; pero si le preguntan a mi poesía, ella les dirá quién soy yo.»
Un poco frágil y nauseabundo
olvidado y un poco mudo
Llevas tus sueños manchados
Oh cariño, yo os tomo prestados
Has sonreído esta noche
Tu sonrisa se abre con derroche
Pudiese yo tomar un beso tuyo
Dime ahora, sé valiente y no un capuyo.
Esta noche luce sola y lejana
como un niño perdido
como una luna sin nadie que la observe
como un tango que nadie quiere bailar
como una sinfonía llena de silencios
como un mensaje sin que seas tú quien lo envíe.
Saben positivamente, los que de tales cosas entienden, que en la ciudad de Aquisgrán, y a fines de la Edad Media, un judío alquimista halló el secreto de no envejecerse. Fortalecido por su pócima, que le permitiría vivir en todo vigor ciento cincuenta años más que el común de los hombres, dedicó la plenitud de sus días a buscar el secreto de no morirse. Dicen que lo halló, y que desde entonces, oculto en su oscura covacha, tropezado de telarañas y surcado de grueso sudor, busca aquel veneno poderoso sobre todos que le permita, al desgraciado, morirse.
Entonces dejo caer mi sonrisa y cáe en tus manos
Que fácil sería dejar la marcha a medio camino
Mandar todo a la jodida mierda, que fácil seria
Pero eso es de cobardes y aunque fácil sería, no me atrevería.