viernes, 17 de enero de 2014

Cuentos de Jardín, con Guillermo Piedra.

Ojos café, aquella mirada intensa que provocaba que mi piel se erizara.
Le ví de lejos, y quise acercarme. Sentí miedo y solo me senté cerca.
¿Qué era aquello que apenas lograba percibir? Aquella fragancia difuminada en el aire. Era ajena,  y la sentía tan cercana.
Tan mía, que sentía la libertad de tomar su rostro con mis manos y dibujar líneas que unieran los lunares de su cuello.
Surge electricidad. Brota de la yema de mis dedos, y siento el calor de tu piel viva, me hace sentir jóven, mientras que la sensación tú cara cerca a la mía juega con mi corazón
Con la música clásica sonando en mi oído te desnudo poco a poco el alma. Sus ojos me hacen pensar en la tierra mojada ¡Como amo la tierra mojada!
En la lluvia azotando el tejado, aquellos días que solo/a me sentía. Mas aún esto es el aquí y el ahora, esto es mi todo. Mi único anhelo es capturar nuestros suspiros en un frasco y conservarlo, para futuros deslices de emociones
Y me has tumbado y dejado en el piso. Recuerdo tu olor y es tan puro, cada vez que te desnudé y nos devorámos, en mis sueños una y otra vez... Déjame probar el néctar de tus besos, mover tus caderas junto a la mía. Bailar en nuestra danza secreta.
No puede ser solo una ilusión, aquella magia que usaste conmigo era real, éso es irrefutable, y cada vez que rozaban nuestros cuerpos me invadía tu energía.
Y de pronto volteaste y me sonreíste. Y el miedo bajo por mi estomago y luego huyó. Me sentí feliz con eso. Puedo buscar constelaciones en su espalda?

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