-Deja de llorar por favor- dijo mirando con compasión.
-No, nunca estuviste para mi. Deja de intentar hacer las cosas bien.- le dije mientras me acurrucaba en el sillon de dos puestos en la sala de tenues luces.
-Estás mal, dejame estar contigo- se acerco un poco más intentando abrazarme.
-No, maldita sea... No!- sollocé en su cuello aferrandome a su pecho.
-Lo siento, por nunca ser apoyo para ti-Dijo a mi oido.
-Cállate, sólo abrazame- Le pedí viendo a sus ojos.
-Te he dicho que tienes los ojos más bonitos- alagó con disimulo.
-Solías hacerlo- agregue con tristeza.
Me levante del sofa y corrí al cuarto. Subí cada escalón y giré poco a poco la perilla de la puerta. Sólo un "¿Por qué?" rondaba en mi cabeza. Retumbaba casi haciendome daño. Poco a poco todo hacía más dolorosa esa escena. Sentí una mano tocar mi hombro, y de pronto esa aroma rodeaba la habitación. No podía simplemente olvidar todo y amar a ese hombre. Tampoco quería secarme poco a poco con mi dolor...
-¿Estás bien?- dijo él.
-¿Por qué?- pregunte con dolor.
-Nadie puede responder esas preguntas... pero vivímos lo que nos corresponde. A veces solemos desperdiciar la vida en problemas, odio, dolor. Pero está mal, nadie asegura una vida del otro lado y pues, debemos cuidar y disfrutar la que vivimos hoy- aseguro detalladamente.
-No, ¿por qué intentas volver a mi vida?- le dije girándome para verlo esta vez.
-Si así lo quieres tú pues... yo me voy- Suspiró.
-Sólo abrazame amor- pedí y me acurruque en su abrazo.
-Siempre- Y beso mi frente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario